La reciente visita del presidente Donald Trump a China da para escribir mucho y para ser analizada desde diversos aspectos.
En mi caso, quiero poner el foco en algunos "pequeños" detalles que creo que son importantes -como lo son siempre en China- y que quizás no han sido lo suficientemente citados o destacados por una parte de la prensa o analistas internacionales.
Sin embargo, detalles como quién lo recibió (el Vicepresidente de la República) y quién lo despidió (el todo poderoso canciller Wang Yi) en el Aeropuerto, y otros más (por ejemplo el tiempo destinado por la televisión china a informar sobre esta visita), son los que sí marcan la diferencia entre la recepción dada al presidente Trump -por encima de "lo normal"- y la que se da a presidentes de otros países.
Hacía casi una década que un líder de la Casa Blanca no iba a la República Popular, y el último había sido....Donald Trump. Sólo este hecho es suficiente para considerar esta visita como "histórica".
Mientras miraba por la televisión las imágenes de la visita pensaba: ¿cómo se sentirán aquellas personas cercanas al régimen de Cuba, por ejemplo, al ver todas esas muestras de amistad de China con los EE.UU.? Y al mismo tiempo, ¿cómo se sentirán todos aquellos que en España criticaron las visitas de Pedro Sánchez a Beijing?
En este caso no se puede aplicar eso de "el amigo (Trump) de mi amigo (Xi Jinping) es mi (Pedro Sánchez) amigo".
Esa "característica china" de su diplomacia es la que le ha permitido recibir, visitar y reunirse de forma muy cordial con líderes tan antagónicos como Fidel Castro o los presidentes Bill Clinton o George W. Bush, en un mismo período de tiempo, el que va de 1995 al 2005. Creo que no es fácil encontrar casos similares en la vida política internacional.
Y como una muestra más de estas características, como diría la prensa china en los década de los 70, "cuando la tinta de los acuerdos firmados entre China y Estados Unidos no se ha secado aún...." Beijing anuncia la visita del presidente ruso a su país para el 19-20 de mayo.
Otro aspecto interesante a destacar -en especial también por sus detalles- es el del papel que el comercio y la economía jugaron en esta visita de Donald Trump.
Es verdad que el presidente de los Estados Unidos, como lo ha destacado la prensa internacional, viajó a Beijing con "la crème de la crème" del mundo empresarial y financiero. Pero ¿fué lo económico y comercial -aparte de Taiwán- el tema central de esta visita?
Por lo menos la parte china, a través de algunos detalles que señalo a continuación, ha dado a entender que no, o por lo menos eso es lo que pienso.
El primer detalle a destacar es que un día antes de que Donald Trump aterrizara en el aeropuerto La Capital, su secretario del Tesoro -Scott Bessent- se reunió en Seul -sí, en Seul- con el Vice Primer ministro chino He Lifeng, la persona que está liderando los temas comerciales con Washington. Fue una reunión, una última negociación comercial antes del viaje presidencial.
La encargada de informar a la prensa y al mundo sobre los resultados de esa reunión fue una portavoz del Ministerio de Comercio Exterior (y no del Ministerio de Relaciones Exteriores), quien confirmó que se habían tratado, entre otros, el tema de los aranceles y las restricciones tecnológicas. Así, la "tregua" comercial pactada entre Xi Jinping y Donald Trump en octubre del año pasado en Busan seguía en pie y -según la declaración de la portavoz- se continuaba avanzando en un proceso para "incrementar los puntos de coincidencia y reducir los puntos de tensiones". Sin embargo no dio ningún detalle concreto de ese encuentro.
El segundo detalle es la forma cómo los empresarios estadounidenses se encuentran con el presidente chino. Y es cuando Donald Trump los hace entrar a la sala donde estaba teniendo lugar la reunión presidencial. Tanto Xi Jinping y sus acompañantes, lo mismo que el presidente estadounidense, permanecen sentados; los empresarios entran, se mantienen de pie detrás de la mesa donde estaba Trump, y éste los va presentando uno a uno, y ellos saludan, algunos con una ligera inclinación de cabeza.
La misma prensa china indicó que Xi Jinping "se había reunido con los empresarios" y habría dicho algunas palabras amistosas, pero no hay constancia -o yo no la tengo- de que haya sido una reunión formal, con todos los asistentes sentados y con Xi saludando y dándoles la mano. La imagen en la televisión es la de un grupo de personas de pie, detrás de la delegación de EE.UU., sentada, mientras Donald Trump los presenta y los elogia. (Y dice, no he traído a los "números dos" sino a los más importantes de cada empresa).
Y esa referencia a que no ha traído a los "números dos" quizas tenga relación con el tercer detalle y es que Xi Jinping no mantuvo un encuentro formal con la delegación empresarial estadounidense, sino que encargó ese trabajo al primer ministro Li Keqiang. (Quizás su "número dos", según Trump).
En una de sus primeras declaraciones tras la visita Donald Trump indicó que se habían logrado acuerdos comerciales fantásticos. Hizo mención a la compra de 200 aviones Boeing -China llevaba una década sin comprar aviones a la empresa estadounidense- que luego la empresa confirmó y definió como "compromiso de compra". También se habrían alcanzado acuerdos para compras en el sector del agro y la ganadería.
Todos estos detalles y la información que se conoce de forma pública muestran que, en mi opinión, China quiso poner, por encima de todo, el énfasis en las relaciones geopolíticas con EE.UU. para los próximos tres años -los que le quedan a Donald Trump en el gobierno- "o más". Y la "línea roja", como todos se han encargado de destacar, es Taiwán. Si las cosas con Taiwán van bien, podrán ir bien, entre otros, los temas comerciales. Si por el contrario van mal, los temas comerciales serán en primer lugar los que se compliquen.
La prensa china -a diferencia de lo que he podido ver en declaraciones oficiales estadounidenses o sus medios de prensa- ha puesto mucho énfasis en el comienzo de lo que llaman unas relaciones estratégicas estables, y de caracter constructivo.
Las declaraciones y publicaciones de la parte china ponen énfasis en la estabilidad; estabilidad que tenga como eje central la cooperación, estabilidad "no-dañina" donde "haya competencia con moderación", estabilidad donde las divergencias puedan ser controladas, y estabilidad duradera en busca de la paz.
¿Podrá la parte estadounidense ceñirse a estos principios de estabilidad "en los próximos tres años, o más"?
Viendo las posiciones tan erráticas que ha tenido Donald Trump en su política exterior, no creo que nadie pueda garantizarlo.
Quizás por ello no se mencionen acuerdos concretos. Seguro que sí se han hecho "promesas comerciales" por parte de China a EE.UU. pero que se cumplirán o no según la actitud de Washington; y seguro que también ha habido advertencias chinas, ya no solo en lo comercial, si EE.UU. cruza esa línea roja.
Y para terminar con los detalles, una muestra de lo que yo llamaría "brutalidad diplomática" es que Estados Unidos haya mostrado de forma pública cómo se tiraban a la basura todos los teléfonos que había utilizado en China, y todo aquello -incluidos regalos institucionales- que se les había proporcionado o regalado durante su permanencia en Beijing.
Quizás la parte china habría hecho lo mismo en un viaje a EE.UU., pero de forma más discreta.... Un buen ejemplo de diferencias culturales.
Quedan muchos otros "pequeños" pero importantes detalles, como la visita al Templo del Cielo, el encuentro en Zhongnanhai y la referencia a los árboles, la música interpretada por la banda militar, pero esto ya se está haciendo demasiado largo para lo que en la actualidad se lee en este mundo nuevo.
Dependiendo de la reacción a estas reflexiones posiblemente deje para unas próximas otros detalles a destacar.



